Si bien no estuve en la charla sobre violencia realizada en el CCZ9, comprendo los planteos de Jhonny. Muchas veces al hablar de estos temas se desata una “guerra de los sexos”, y no creo que esté mal, ya que es necesario plantarse firmemente en un tema altamente político como lo es la relación de poder entre mujeres y hombres. No es una situación particular y concreta la que se quiere modificar, sino que es histórica y estructural. El trabajo por ende es inmenso, y es necesario ser radical. Pero a la hora de pensar el tema la postura radical debe ceder ante la complejidad inherente a este tipo de situaciones. El hombre violento también atraviesa y ha atravesado procesos que lo constituyen como tal. Los mismos procesos que de encontrarlo en la posición contraria, lo llevarían a callar o a no percibirla. Culpabilizarlo sin más, invisibiliza estos procesos y no ayuda a transformar un problema profundamente histórico y social. El dualismo víctima-victimario no parece ser adecuado para pensar sobre un tema que es por definición relacional.
¿Cuál es la forma adecuada de pensar el problema? No lo sé, pero creo que este grupo viene trabajando en pro de la utopía de “lo adecuado”. Ofrezco los aportes de Janine Puget, los cuales me parecen interesantes para ir rompiendo, desde un lugar teórico al menos, esa dicotomía víctima-victimario.
Janine Puget (1) propone, una perspectiva situacional de los fenómenos de crueldad que nos pueden ayudar a pensar otras aristas en torno a la violencia familiar.
Puget trata el tema de la crueldad, partiendo de la concepción de lo humano. Dicha autora plantea que lo humano no es una cualidad con la que venimos al mundo, sino que es algo a construir. Subraya el hecho de que la humanidad se va a construir siempre en referencia a otro, poniendo especial énfasis en el vínculo y en el lenguaje, como atributo imprescindible y definitorio para la construcción de esta humanidad. Vale aclarar que el lenguaje implica, en este planteo, no solamente un código común, sino también a la memoria, al pensamiento, la capacidad de predicción, de interrogarse y de elegir.
Al decir que la humanidad es un atributo a alcanzarse, a obtenerse y a construirse, también estamos incluyendo la posibilidad de que se pierda, de que se nos arrebate. Aquí Puget hace una distinción entre lo que sería lo no-humano, como algo que todavía no ha alcanzado la categoría de humanidad; lo inhumanizado, que refiere a algo faltante; y finalmente, lo des-humanizado, que tiene que ver justamente con el ser desposeído de esta cualidad humana.
Des-humanizar implica que hay un otro que mediante una práctica o una acción, destituye de humanidad a alguien. En este punto tiene cabida la pregunta de si es necesariamente inhumano aquel que arrebata la humanidad de alguien. Pregunta que se retomará más adelante.
La violencia doméstica es un acto cruel, si seguimos la definición de Puget cuando dice que "el acto es cruel porque encuentra al otro sin recursos para hacer algo, sea pensar-asimilar-protegerse, al ser tocado-atacado en uno de los aspectos esenciales de su ser”(2). En este sentido, en la dinámica de la violencia nos podríamos preguntar, ¿la persona violentada, tiene los recursos necesarios como para asimilar la situación que está transitando?, ¿de qué recursos estamos hablando?, ¿es posible que pueda defenderse?, ¿en qué aspectos esenciales de su ser son tocados cuando alguien está realizando un abuso de poder sobre él o ella?
Al intentar buscar respuestas para estas preguntas, podemos pensar en varias cuestiones. Si buscamos “recurso” en el diccionario de
¿Pero de qué elementos estamos hablando? Pensándolo desde una perspectiva intrapsíquica, podríamos hablar de recursos yoicos, que siguiendo a García Badaracco (4), no estaríamos remitiendo, con este concepto, a las funciones del yo, sino a los aspectos maduros, sanos, que permiten un buen desarrollo del self y que son esenciales en la consideración de la salud mental de una persona.
Pero donde Puget introduce una novedad es en el hecho de considerar la dinámica del acto cruel, rescatando el elemento situacional e introduciendo la idea de escena. Según la mencionada autora, un acto cruel “conlleva un imposible en cualquier momento, como una producción que excede la situación, acarreando una brusca destitución-expulsión de quienes ocupan la escena"(5). Esta destitución de la escena tiene que ver con el hecho de no poder dar cuenta de la misma, a través del lenguaje, que es lo que le da la cualidad humana al hombre.
En el marco de estas consideraciones, la violencia familiar en su dinámica, provoca que se pierda el atributo de humanidad, por ese exceso, por esa incapacidad del otro de recibir lo que está recibiendo (“digerir, pensar, hacer”). Pero como se rescata lo dinámico de la situación, Puget nos convoca pensar sobre la humanidad en aquel que comete el acto cruel, en este caso, el/la violento/a. Seguimos a la autora cuando subraya el hecho de que "si el otro cruel no puede hablar de su crueldad es porque también queda despojado de su condición de humanidad"(6). Dada la sociedad patriarcal, la construcción del género y la característica transgeneracional de la violencia doméstica, cuáles son las posibilidades de enunciabilidad de estos procesos.
Tomando estos partes recapitulamos: la violencia es un acto cruel que deshumaniza, en el sentido de que destituye a aquellos que ocupan la escena, los deja por fuera del lenguaje, excede, desborda la posibilidad de “digerir, pensar, hacer”. El acto cruel también deshumaniza al que comete el acto cruel, tomando a esta situación como una cuestión dinámica, relacional, situacional.
¿De qué se trata entonces? ¿Qué sucede cuando se deshumaniza a las personas? ¿Qué pasa con esta escena de la cual no se puede dar cuenta? Pensemos en ese velo de silencio que cubre muchas veces las situaciones de violencia, pensemos en la atmósfera de secretismo, en la culpa y los sentimientos ambivalentes que se guardan en relación a este tipo de historias, a veces durante meses o años.
Puget señala: “No se trata de recuperar humanidad sino de adquirir una nueva. Ello requiere otra escena. Y el reconocimiento de que en ella no se es el mismo que en la anterior. Desde esta otra escena se podrá hablar-testimoniar del acto cruel.”(7). En la violencia familiar no se trata de “rescatar” únicamente a quien es violentado (manejándose desde una visión que implique las categorías víctima-victimario) y de intentar cuidarla/o, ayudarla/o, o incluso “curarla/o”, sino que lo que habría que rescatar es lo relacional de este tipo de situaciones, lo que implica a las relaciones, a las dinámicas, y en ese punto, nunca se puede dejar de lado al que ejerce el acto cruel, a quien violenta, ya que éste forma parte de esa dinámica y en él/ella también se da el proceso de deshumanización. La escena de la cual habrá que poder dar cuenta la/o incluye, él/ella es parte de, y por lo tanto, es ineludible en la posibilidad de construir una nueva escena.
[1] Puget, J. (2002), La crueldad y algo más, Revista de
[2] Ibíd. Pág. 129.
[3] RAE. Consulta en línea: www.rae.es
[4] García Badaracco, J. (2006), Virtualidad Sana, En: Una nueva manera de pensar la mente y la salud mental. (SL/SE)
[5] Puget, J. (2002), La crueldad y algo más, Revista de
[6] Ibíd. Pág. 130.
[7] Ibíd. Pag. 130.
1 comentario:
impecable, como siempre.
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