La idea de este blog es, de alguna forma, la que quieran, dibujar, no la máquina entera, ni los engranajes aislados... sino intentar entrever las lógicas que los mueven.
miércoles, 26 de agosto de 2009
¿Hacia el CPD? (Pensando en voz alta)
Por todo esto el CPD... que puede ser RPA, CPS, CPA, RPS, etc.
Ahora seguiría así: ¿Centro? ¿Por qué centro y no red, u otra cosa? ¿Derechos? mmmm... Derechos despierta resistencias. A mi me gusta porque lo interpreto como me da la gana y queda bien para el afuera... es decir concilia lo vertical con lo horizontal pichoniano. Autonomía me gusta... pero se ve que lo repetí tanto que me cansó, además no se si es tan comprador como "derechos"...
Ya lo comenté pero lo repito, propuso Johnny que le tiremos ideas a Pablo, le damos un librito de Baudrillard, lo encerramos en un cuarto y ahi sale un buen nombre seguro.
viernes, 21 de agosto de 2009
Acertijo...
¿eh? ¿cómo? ¿qué pasó aquí?
escriban las soluciones como comentarios. El lunes cuelgo la solución y el por qué del ejercicio.
jueves, 20 de agosto de 2009
Reflexión del segundo taller sobre VD
domingo, 16 de agosto de 2009
Para seguir pensando la violencia: Janine Puget.
Si bien no estuve en la charla sobre violencia realizada en el CCZ9, comprendo los planteos de Jhonny. Muchas veces al hablar de estos temas se desata una “guerra de los sexos”, y no creo que esté mal, ya que es necesario plantarse firmemente en un tema altamente político como lo es la relación de poder entre mujeres y hombres. No es una situación particular y concreta la que se quiere modificar, sino que es histórica y estructural. El trabajo por ende es inmenso, y es necesario ser radical. Pero a la hora de pensar el tema la postura radical debe ceder ante la complejidad inherente a este tipo de situaciones. El hombre violento también atraviesa y ha atravesado procesos que lo constituyen como tal. Los mismos procesos que de encontrarlo en la posición contraria, lo llevarían a callar o a no percibirla. Culpabilizarlo sin más, invisibiliza estos procesos y no ayuda a transformar un problema profundamente histórico y social. El dualismo víctima-victimario no parece ser adecuado para pensar sobre un tema que es por definición relacional.
¿Cuál es la forma adecuada de pensar el problema? No lo sé, pero creo que este grupo viene trabajando en pro de la utopía de “lo adecuado”. Ofrezco los aportes de Janine Puget, los cuales me parecen interesantes para ir rompiendo, desde un lugar teórico al menos, esa dicotomía víctima-victimario.
Janine Puget (1) propone, una perspectiva situacional de los fenómenos de crueldad que nos pueden ayudar a pensar otras aristas en torno a la violencia familiar.
Puget trata el tema de la crueldad, partiendo de la concepción de lo humano. Dicha autora plantea que lo humano no es una cualidad con la que venimos al mundo, sino que es algo a construir. Subraya el hecho de que la humanidad se va a construir siempre en referencia a otro, poniendo especial énfasis en el vínculo y en el lenguaje, como atributo imprescindible y definitorio para la construcción de esta humanidad. Vale aclarar que el lenguaje implica, en este planteo, no solamente un código común, sino también a la memoria, al pensamiento, la capacidad de predicción, de interrogarse y de elegir.
Al decir que la humanidad es un atributo a alcanzarse, a obtenerse y a construirse, también estamos incluyendo la posibilidad de que se pierda, de que se nos arrebate. Aquí Puget hace una distinción entre lo que sería lo no-humano, como algo que todavía no ha alcanzado la categoría de humanidad; lo inhumanizado, que refiere a algo faltante; y finalmente, lo des-humanizado, que tiene que ver justamente con el ser desposeído de esta cualidad humana.
Des-humanizar implica que hay un otro que mediante una práctica o una acción, destituye de humanidad a alguien. En este punto tiene cabida la pregunta de si es necesariamente inhumano aquel que arrebata la humanidad de alguien. Pregunta que se retomará más adelante.
La violencia doméstica es un acto cruel, si seguimos la definición de Puget cuando dice que "el acto es cruel porque encuentra al otro sin recursos para hacer algo, sea pensar-asimilar-protegerse, al ser tocado-atacado en uno de los aspectos esenciales de su ser”(2). En este sentido, en la dinámica de la violencia nos podríamos preguntar, ¿la persona violentada, tiene los recursos necesarios como para asimilar la situación que está transitando?, ¿de qué recursos estamos hablando?, ¿es posible que pueda defenderse?, ¿en qué aspectos esenciales de su ser son tocados cuando alguien está realizando un abuso de poder sobre él o ella?
Al intentar buscar respuestas para estas preguntas, podemos pensar en varias cuestiones. Si buscamos “recurso” en el diccionario de
¿Pero de qué elementos estamos hablando? Pensándolo desde una perspectiva intrapsíquica, podríamos hablar de recursos yoicos, que siguiendo a García Badaracco (4), no estaríamos remitiendo, con este concepto, a las funciones del yo, sino a los aspectos maduros, sanos, que permiten un buen desarrollo del self y que son esenciales en la consideración de la salud mental de una persona.
Pero donde Puget introduce una novedad es en el hecho de considerar la dinámica del acto cruel, rescatando el elemento situacional e introduciendo la idea de escena. Según la mencionada autora, un acto cruel “conlleva un imposible en cualquier momento, como una producción que excede la situación, acarreando una brusca destitución-expulsión de quienes ocupan la escena"(5). Esta destitución de la escena tiene que ver con el hecho de no poder dar cuenta de la misma, a través del lenguaje, que es lo que le da la cualidad humana al hombre.
En el marco de estas consideraciones, la violencia familiar en su dinámica, provoca que se pierda el atributo de humanidad, por ese exceso, por esa incapacidad del otro de recibir lo que está recibiendo (“digerir, pensar, hacer”). Pero como se rescata lo dinámico de la situación, Puget nos convoca pensar sobre la humanidad en aquel que comete el acto cruel, en este caso, el/la violento/a. Seguimos a la autora cuando subraya el hecho de que "si el otro cruel no puede hablar de su crueldad es porque también queda despojado de su condición de humanidad"(6). Dada la sociedad patriarcal, la construcción del género y la característica transgeneracional de la violencia doméstica, cuáles son las posibilidades de enunciabilidad de estos procesos.
Tomando estos partes recapitulamos: la violencia es un acto cruel que deshumaniza, en el sentido de que destituye a aquellos que ocupan la escena, los deja por fuera del lenguaje, excede, desborda la posibilidad de “digerir, pensar, hacer”. El acto cruel también deshumaniza al que comete el acto cruel, tomando a esta situación como una cuestión dinámica, relacional, situacional.
¿De qué se trata entonces? ¿Qué sucede cuando se deshumaniza a las personas? ¿Qué pasa con esta escena de la cual no se puede dar cuenta? Pensemos en ese velo de silencio que cubre muchas veces las situaciones de violencia, pensemos en la atmósfera de secretismo, en la culpa y los sentimientos ambivalentes que se guardan en relación a este tipo de historias, a veces durante meses o años.
Puget señala: “No se trata de recuperar humanidad sino de adquirir una nueva. Ello requiere otra escena. Y el reconocimiento de que en ella no se es el mismo que en la anterior. Desde esta otra escena se podrá hablar-testimoniar del acto cruel.”(7). En la violencia familiar no se trata de “rescatar” únicamente a quien es violentado (manejándose desde una visión que implique las categorías víctima-victimario) y de intentar cuidarla/o, ayudarla/o, o incluso “curarla/o”, sino que lo que habría que rescatar es lo relacional de este tipo de situaciones, lo que implica a las relaciones, a las dinámicas, y en ese punto, nunca se puede dejar de lado al que ejerce el acto cruel, a quien violenta, ya que éste forma parte de esa dinámica y en él/ella también se da el proceso de deshumanización. La escena de la cual habrá que poder dar cuenta la/o incluye, él/ella es parte de, y por lo tanto, es ineludible en la posibilidad de construir una nueva escena.
[1] Puget, J. (2002), La crueldad y algo más, Revista de
[2] Ibíd. Pág. 129.
[3] RAE. Consulta en línea: www.rae.es
[4] García Badaracco, J. (2006), Virtualidad Sana, En: Una nueva manera de pensar la mente y la salud mental. (SL/SE)
[5] Puget, J. (2002), La crueldad y algo más, Revista de
[6] Ibíd. Pág. 130.
[7] Ibíd. Pag. 130.
viernes, 14 de agosto de 2009
Prácticas discursivas y violencias interpretativas.
Quería compartir algunas de las impresiones que me generó la capacitación de nombre “Entendiendo mejor la violencia domestica.” Que realizaba la Comuna Mujer en el CCZ9.
A la hora de plantear el problema surgió, de manera natural, la violencia ejercida desde el hombre hacia la mujer. A la hora de hablar de violencia domestica se hizo referencia a estas situaciones exclusivamente. Hubo gente que planteó que dentro de este mismo campo (violencia domestica) se ejercía también violencias transgeneracionales, mas a nivel familiar. Fue en ese momento en el cual se hizo la aclaración de que la capacitación tenía una perspectiva de género y que, sin desconocer que aquello también configuraba una forma de violencia domestica, se iban a limitar al género.
Hasta acá todo bien ahora, a la hora de analizar la problemática en torno al género se conformaba un invisible discursivo: cualquier tipo de violencia sistemática ejercida desde la mujer hacia el hombre. Ni siquiera se vio su falta. Al momento de marcarlo se abrió un interesante debate y se despertaron diferentes pasiones.
Se nos dijo que a nivel de las estadísticas el 98% de las denuncias realizadas eran de mujeres violentadas (lo que refiere, a mi entender, a un tipo particular de violencia denunciable) pero que era concebido como una lectura casi total de la realidad. Es decir, aquí el discurso científico una vez mas se alza como criterio de veracidad en si mismo: “las estadísticas dicen” conforman una verdad. La existencia de una violencia psicológica prolongada no fue tomada como dato ya que estas denuncias implicaban el maltrato físico.
Una y otra vez se habló del machismo social que sostiene y da sentido a estas prácticas de violencia domestica (en su versión “acotada”, tuerta a mi manera de ver) que se trata de una problemática de estructura social y no tanto de la persona en sí. Se afirmaba que el discurso machista sostiene en gran medida este fenómeno. Una vez mas aparece un invisible discursivo en donde se deja de ver que estas mismas lógicas son las que penalizan de una manera concreta ciertas practicas mientras que otras no son concebidas como tales por mas que exista un marco legal asexuado que se pudiera aplicar en ambas direcciones y que esto se relaciona directamente con las estadísticas y las denuncias. No se vio que no se veía una forma de violencia un poco menos tangible (psicológica) que por efecto de esa misma concepción de genero llevaba a los hombres, por ejemplo a no denunciar. Mas aún, a no considerarlo un problema ni un abuso. No podrían.
En este acto se practico un tipo de violencia discursiva que borra, invisibiliza una forma específica de violencia domestica. Sostenido por una concepción del poder masculino frente al femenino del que querían desprenderse. Se afirmo que “El problema de la violencia domestica es un problema de los hombres que afecta a las mujeres”, se buscaba un CULPABLE pero que en su enunciación negaba el discurso de una problemática socialmente generada afirmando que la responsabilidad de todo tipo de violencia domestica la tenía EL hombre, malvado, superpoderoso, dejando entrever una perspectiva de género muy direccionada y no en su sentido amplio.
Ahora, con todas estas salvedades, vale la pena rescatar un esfuerzo que tiene por objetivo formar redes entre los diferentes actores zonales frente al abordaje de esta problemática.
lunes, 10 de agosto de 2009
Un punto de relajación.
Los alumnos de sexto grado, en una escuela de Montevideo, habían organizado un concurso de novelas.
Todos participaron.
Los jurados éramos tres. El maestro Oscar, puños raídos, sueldo de fakir, más una alumna, representante de los autores, y yo.
En la ceremonia de premiación, se prohibió la entrada de los padres y demás adultos. Los jurados dimos lectura al acta, que destacaba los méritos de cada uno de los trabajos. El concurso fue ganado por todos, y APRA cada premiado hubo una ovación, una lluvia de serpentinas y una medallita donada por el joyero del barrio.
Después, el maestro Oscar me dijo:
–nos sentimos tan unidos, que me dan ganas de dejarlos a todos repetidores.
Y una de las alumnas, que había venido a la capital desde un pueblo perdido en el campo, se quedó charlando conmigo. Me dijo que ella, antes, no hablaba ni una palabra, y riendo me explicó que el problema era que ahora no se podía callar. Y me dijo que quería al maestro, lo quería muuuucho, porque él le había enseñado a perder el miedo de equivocarse.
Eduardo Galeano
Bocas del Tiempo
viernes, 7 de agosto de 2009
¿Qué derechos?
lunes, 3 de agosto de 2009
Primeros pasos: ¿Transformación de que o quien?
Termino con lo que Rebellato llama “intencionalidad política”. Es lo que hablaba más arriba. Tiene que haber una intencionalidad política de verdadera transformación, “transformación de la actual sociedad en el sentido de una sociedad sin dominación ni exclusión, donde los sujetos encuentren satisfacción a sus necesidades reales; nos referimos a un proceso que desarrolle el protagonismo de los sujetos populares, su capacidad de saber y de poder”.Creo que lo importante entonces en esta etapa es ver como logramos que los vecinos de Punta de Rieles sean protagonistas de su propia vida, como logramos hacer consciente el poder que siempre tuvieron, como hacemos para convencernos todos que entre todos se pueden lograr cosas que nunca se lograron… ¿Se pueden lograr cosas nunca vistas? No sé, habrá que ver no?
Nota2: ¡Qué ojo hay que tener!!! Adriana, muy rápida ella, me hizo ver que al final hablaba de concientizar, hacer ver, hacer que la gente bla bla bla, cayendo en la misma lógica que de alguna forma intentamos derribar... y bueno, tendré que trabajarlo no?