viernes, 24 de julio de 2009

Una puntita sobre los niños violentos.

Corea y Lewkowics hablan de los nuevos atributos de los niños de la posmodernidad. Tanto la Familia como la Escuela fueron las instituciones que produjeron la Infancia, en tanto institución, en su sentido moderno, con los atributos tradicionales de la misma. Hoy asistimos a niños que son adjetivados como ladrones, adictos, abusadores, suicidas, entre otros, adjetivos tradicionalmente ubicados en los adultos. Esto los lleva a sostener que la Infancia se ha agotado. En su libro Se acabó la infancia, profundizan sobre el por qué de que las instituciones productoras de la misma ya no ejerzan su poder subjetivante. Sin embargo, no se explayan sobre la pregunta ¿cómo se produce la Infancia actual? Hacen hincapié sobre los efectos que producen la sociedad de consumo y los medios de comunicación, pero el análisis queda centrado en el borramiento de las fronteras entre el mundo adulto y el de los niños. En lo personal, me ha tocado acercarme a discursos que describen a los niños como violentos, como golpeadores de sus progenitores. Buscando explicaciones, encontré el artículo siguiente, que por supuesto no agota las dimensiones que se ponen en juego en la producción subjetiva del niño violento, pero que me parece interesante compartir, pues se ubica en la dinámica familiar. Creo que dadas las actividades que estamos desarrollando en el servicio y las problemáticas con las que nos estamos encontrando, nos puede ayudar a pensar.


Cita:

Loureiro Malán, Rosa, Lo que pasa en casa: de la violencia que no se habla, Montevideo, Psicolibros, 2003. Págs. 61 y 62.


“Cómo se puede aprender a ser violento.

En familias donde se asume y practica un tipo de ideología tradicionalista – como la denominada de tipo patriarcal – el símbolo de autoridad paterna será portador del poder y los hijos carecerán del factor modulador de cualidades como la empatía o el respeto al otro.

Durante la infancia, la progresiva internalización de normas de conducta en el niño, se canaliza a partir de la configuración de pautas de educación que son capaces de transmitir por diferentes vías padre y madre en primera instancia y otros agentes de socialización como la escuela, los compañeros de la misma edad o la televisión, en un plano adicional. Diversos mecanismos de aprendizaje tienen influencia en este proceso, desde las asociaciones más simples adquiridas por observación o modelado de la figura adulta, hasta los más complejos sistemas de reforzamiento y castigo instrumentales para el mantenimiento de las conductas. A través de ellos, el niño aprende cuáles son las conductas que otros, fundamentalmente sus figuras de referencia, - su padre por ejemplo – utilizan para afrontar situaciones y problemas. En escenarios dominados por agresiones sistemáticas del padre hacia la madre, el niño aprende, sobre todo, que la violencia es una vía válida de relación con el entorno, de solución de conflictos y de consecución de objetivos.

El padre agresor expone constantemente a su hijo a escenarios de violencia ante los que el niño comienza de forma adaptativa a manifestar habituación frente a la percepción del dolor, de manera que cada vez empatiza menos con la persona agredida – su madre – y copia modelos de conducta que practicará con compañeros y compañeras de juegos, primero, y con su madre, después.

En paralelo a la conducta modelada y a las emociones deformadas, el comportamiento violento de la figura de referencia paterna o la permisividad educativa en la utilización de la agresión como medio de afrontamiento sugerirán al niño una determinada imagen de la persona agredida, de la mujer. El joven asumirá una configuración de ideas distorsionadas sobre las relaciones afectivas y de familia, y sobre los roles interpersonal y social hacia la mujer, que serán resistentes al cambio y servirán de esquema de justificación mental para racionalizar y respaldar su comportamiento violento. Estas estructuras mentales, fortalecidas tras cada agresión, se traducen en actitudes que orientan la acción, e incluirán mecanismos específicos de deshumanización de la víctima de la violencia y de autoexoneración de responsabilidad en el agresor. De esta manera, conducta, emociones y esquemas mentales son transferidos intergeneracionalmente a los hijos de agresores domésticos, convirtiendo a la cifra actual de niños violentos con sus madres en un porcentaje importante de los maltratadotes de las estadísticas del mañana […]”

Nota: todo el texto tiene un carácter que a mi gusto es demasiado determinista, privándolo de complejidad; por ejemplo, el niño no tiene por qué ser violento con los compañeros y con la madre, quizá no siempre se repitan las mismas conductas en los diversos ámbitos; la imagen física de las instituciones, los establecimientos, también juegan su papel. Igualmente me parece un aporte interesante para pensar la realidad a la que nos enfrentamos.

El accionar ético frente a la violencia institucional

Después de varias discusiones con compañeros, algunos libros encima y varias advertencias tanto de los que "saben", como de los que "lo vivieron", uno no sabe lo difícil que es seguir sus afecciones en ciertas situaciones hasta que se encuentra en esas situaciones.
El encuentro no es un proceso, el encuentro es un instante y la relación es una sucesión de infinitos instantes y cada uno de ellos puede durar una eternidad, o eso qusieramos, pada poder relfexionarlos, sopesar afecciones y acciones... Porque esa cosa tan simple a primera vista como lo es el encuentro, se encuentra atravesada por múltiples dimensiones estratificadas. Cualquier movimiento que se produzca las hace crujir, resquebrajarse... y ahi aparecen los albañiles institucionales con su balde de arena y portland para echarnoslo por arriba y decirnos "eso no se hace! eso no se hace!" con cada cucharada de material. El objetivo? Soldar rajaduras. Los efectos? Endurecernos bajo un baño institucional. La técnica? La violencia, la violencia que nos inhabilita la reflexión necesaria ante un encuentro donde en cada instante se juega la relación entera.
No subestimemos la violencia, la violencia no avisa que va a actuar, sino no cumpliría su objetivo. La violencia aparece cuando menos la esperamos y si no pensamos siquiera que puede llegar a sucederse, nos va a alejar tanto de nuestras afecciones que la potencia la vamos a tener que ir a buscar al segundo subsuelo.
¿Hablo de ponernos a la defensiva? No. Estar a la defensiva es quedar inmóvil, cuando uno se defiende no pude actuar. Gasta todas sus energías en la defensa y el objetivo de utilizar la violencia se cumple de esta forma.
Todavía no encontré la fórmula perfecta para que una situación violenta no inhabilite la capacidad de acción. Lo importante, creo, es saber que en un encuentro se juega la relación y que debemos pensar estas cosas para que lo primero en lo que pensemos cuando entramos en una situación violenta es "¿Qué debemos hacer para que la relación no se descomponga? ¿Qué es lo primero?". De cualquier manera no estan simple tampoco. Hay muchas relaciones que se pueden jugar en un encuentro y a diferentes niveles hay que pensar en todas ellas. ¡Qué complicado!

Autonomía vs. Independencia

"...Autonomía no significa independencia total, sino protagonismo, constitución de sujetos, en dependencia con el entorno y el mundo. A la vez, autonomía no puede pensarse como una situación en soledad, sino como condición humana necesariamente intersubjetiva. Las subjetividades se constituyen en el dialogo con los demás..."
José Luis Rebellato - Etica de la autonomía